Módulo 1: Fundamentos Epistemológicos y Críticos de las Ciencias Bíblicas
Programa de Formación Fundamental
Módulo 1: Fundamentos Epistemológicos y Críticos
Este módulo establece las bases metodológicas necesarias para el estudio científico de las Escrituras. El objetivo central es la transición desde una lectura devocional hacia una aproximación analítica, introduciendo al estudiante en las categorías fundamentales de las Ciencias Bíblicas, la complejidad de la transmisión textual y los principios del Método Histórico-Crítico.
Nota Técnica: Se recomienda seguir la secuencia didáctica establecida (Video Introductorio > Lecciones > Lectura) para garantizar la correcta asimilación de los conceptos.
Clase 1: Introducción a la Metodología Académica
Sesión inaugural orientada a definir el alcance, la naturaleza y la necesidad del estudio crítico de la Biblia en el contexto contemporáneo.
Clase 2: Composición y Diversidad del Corpus Bíblico
Análisis de la Biblia como una biblioteca plural: diversidad de géneros literarios, autorías y contextos históricos de producción.
Clase 3: El Método Histórico-Crítico (MHC)
Exposición sistemática del MHC, sus principios rectores y su función indispensable en la exégesis moderna.
Clase 4: Historia del MHC
Rastreo historiográfico de la crítica bíblica: orígenes, evolución y consolidación del método científico en el estudio de las Escrituras.
Clase 5: Objetividad e Interpretación
Evaluación crítica de los presupuestos hermenéuticos: el equilibrio entre la objetividad histórica y la interpretación subjetiva.
Clase 6: Introducción a la Crítica Textual
Fundamentos de la Crítica Textual: ¿Cómo nos llegó el texto? Análisis de la transmisión y sus problemáticas.
Clase 7: Testigos del Texto
Tipología de los testigos textuales: Papiros, Unciales, Minúsculos y Leccionarios. Importancia de las Versiones y Citas Patrísticas.
Clase 8: Evaluación de Manuscritos
Aplicación de criterios externos (antigüedad, geografía, calidad) para determinar la fiabilidad de los testigos textuales.
Comentarios
La clave para entender esto es que esta división, que encontramos en el Tanaj, la Biblia Hebrea, no se basa en una sola persona o en un evento único, sino en el período histórico que cubren y, sobre todo, en el género literario de los libros.
Comencemos con el primer grupo. En hebreo se les llama נְבִיאִים רִאשׁוֹנִים (ne-vi-ÍM ri-sho-NÍM), los Profetas Anteriores. Cuando hablamos de ellos, nos referimos a los libros de Josué, Jueces, 1 y 2 de Samuel, y 1 y 2 de Reyes. Como ven, no son los libros que usualmente asociamos con la predicación profética. Son libros históricos. Cuentan la historia de Israel desde la conquista de Canaán hasta la tragedia del exilio babilónico.
Entonces, ¿por qué se les llama "profetas"? Porque no son una simple crónica de eventos. Son una narrativa histórica contada a través de una lente profética. Es decir, interpretan la historia de Israel como el resultado directo de su relación con Dios: la fidelidad al pacto trae bendición, mientras que la infidelidad y la idolatría llevan inevitablemente al juicio y al castigo. Se considera que fueron escritos o compilados por profetas, o al menos por una escuela con una perspectiva profética. Se les llama "Anteriores" simplemente porque, en el orden del canon hebreo, preceden a los profetas de los que vamos a hablar ahora.
El segundo grupo son los נְבִיאִים אַחֲרוֹנִים (ne-vi-ÍM a-ja-ro-NÍM), los Profetas Posteriores. Aquí sí encontramos los nombres que nos son más familiares: Isaías, Jeremías y Ezequiel, a quienes llama la tradición cristiana "Profetas Mayores" por la gran extensión de sus libros. Y luego tenemos a "Los Doce", los "Profetas Menores", como Oseas, Amós, Miqueas, Zacarías, etc., llamados así por la brevedad de sus escritos, no porque fueran menos importantes.
Estos libros no son narrativas históricas. Son colecciones de oráculos, poemas, visiones y mensajes que fueron entregados por estos profetas individuales, quienes actuaron principalmente desde el siglo VIII antes de Cristo hasta el período posterior al exilio. Se les llama "Posteriores" porque vienen después en la secuencia del canon, aunque, y esto es un detalle importante, algunos de ellos, como Amós u Oseas, vivieron y profetizaron antes de que ocurrieran los eventos finales relatados en el libro de los Reyes.
Es fundamental entender que esta división es propia del canon judío, el Tanaj, que es un acrónimo de sus tres grandes secciones: Torá (la Ley), Nevi'im (los Profetas) y Ketuvim (los Escritos). La Biblia cristiana, en cambio, reorganiza estos libros, agrupándolos de manera diferente en libros históricos, poéticos y proféticos.
Ahora, si me permiten, vamos a llevar este análisis a un nivel académico más profundo, como lo haríamos en el seminario. Porque detrás de esta simple división hay conceptos fascinantes que nos ayudan a entender cómo se formó la Biblia. Por favor lea el siguiente comentario...
Primero, la antigüedad de esta estructura. ¿Desde cuándo se piensa en la Biblia Hebrea de esta manera? Nuestro testigo más antiguo es el prólogo del libro de Ben Sira, también conocido como Eclesiástico. El nieto del autor, al traducir la obra de su abuelo al griego alrededor del año 130 antes de Cristo, escribe: "Mi abuelo... se entregó al estudio de la Ley, los Profetas y los otros Libros de nuestros antepasados". Esto es una evidencia de un valor incalculable. Nos dice que ya en el siglo II antes de la era común, un judío culto ya concebía las Escrituras en estas tres partes, con los "Profetas" como una sección bien definida.
Segundo, la "Historia Deuteronomista". Aquí entramos en una de las hipótesis más influyentes de la crítica bíblica moderna, propuesta por el gran erudito alemán Martin Noth en 1943. Noth argumentó que los Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) no son libros independientes, sino que forman una única y monumental obra literaria, editada por una escuela de escribas que él llamó la "escuela deuteronomista".
¿Por qué? Porque todos estos libros están unidos por un mismo estilo y, sobre todo, por una misma teología, que es la del libro de Deuteronomio. Ponen un énfasis constante en temas como la necesidad de un culto centralizado en Jerusalén y, fundamentalmente, en la teología de la retribución: la obediencia al pacto trae bendición, la desobediencia trae castigo. Desde esta perspectiva, la "Historia Deuteronomista" no es una simple crónica, es una teología de la historia. Su gran objetivo es explicar la catástrofe del exilio babilónico como la consecuencia inevitable de la infidelidad de Israel a la Torá. Esto explica de manera brillante por qué estos libros históricos son considerados "Profetas": su función no es solo contar la historia, sino interpretarla proféticamente.
Finalmente, la recepción en la tradición rabínica. Cuando los rabinos discutieron la formación del canon, como leemos en el Talmud (en tratados como Bava Batra), no incluyeron todos los escritos que se atribuían a profetas. Hicieron una distinción crucial entre lo que ellos llamaban נְבוּאָה שֶׁנִּצְרְכָה לְדוֹרוֹת (nevu'á she-nitz-re-JÁ le-do-RÓT), es decir, "una profecía necesaria para las generaciones futuras", que fue la que se canonizó, y otras profecías que consideraron temporales o privadas y que no se conservaron.
Además, en la liturgia de la sinagoga, los Nevi'im adquirieron un rol fundamental como la haftará, la lectura profética que sigue a la lectura de la Torá cada Shabat. Esto refuerza la idea de que su estatus como "Profetas" no depende solo de la identidad del autor, sino de la función de sus escritos: corregir, interpretar y llamar al pueblo de vuelta a la fidelidad al pacto establecido en la Torá.
Muchas gracias por sus preguntas; espero que estén disfrutando cada clase de nuestro curso Introducción a las Ciencias Bíblicas. Saludos.