El Origen del Bautismo Cristiano: De los Rituales Judíos a la Fe en Jesús

Cuando el lector moderno visualiza un bautismo, la imagen es casi invariable: la invocación de la fórmula trinitaria (“en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”). Sin embargo, la lectura atenta de las fuentes primitivas —especialmente el libro de los Hechos y las cartas paulinas— nos confronta con una realidad histórica incómoda para la tradición dogmática: los primeros cristianos no bautizaban así.

¿Cómo evolucionó, dentro del judaísmo del Segundo Templo, desde las inmersiones de purificación (tevilá) hasta convertirse en un rito de iniciación propio de sus comunidades? ¿Por qué los textos más antiguos registran bautismos únicamente "en el nombre de Jesús", mientras que Mateo 28:19 refleja una formulación litúrgica más desarrollada, propia de una etapa posterior en la tradición mateana?

Este artículo no busca la apologética, sino la historia. Utilizando el método histórico-crítico, analizaremos la evolución de esta praxis desde las orillas del Jordán con Juan el Bautista hasta la consolidación litúrgica de la Gran Iglesia. Desentrañaremos cómo un rito de arrepentimiento judío se transformó en un rito identitario de ingreso comunitario (que posteriormente la Gran Iglesia conceptualizó como sacramento), explorando las tensiones textuales, la influencia de la Didaché y el contexto vital (Sitz im Leben) que dio forma a las palabras que hoy damos por sentadas.

Índice de Contenidos

    Contexto Judío y Transición Cristiana: De la Tevilá a la Didaché

    Sistema hidráulico en Ein Haniya, al suroeste de Jerusalén. Explicación ofrecida por el profesor Yamid Jurado, director de la página de estudios académicos de la biblia Ciencia Bíblica.
    Sistema hidráulico en Ein Haniya, al suroeste de Jerusalén. Este sitio arqueológico ejemplifica el uso de manantiales naturales para alimentar estanques, ilustrando el concepto de "agua viva" (mayim jayim) esencial tanto para los miqvaot judíos del Segundo Templo como para los primeros bautismos cristianos. La tradición histórica asocia este lugar con el bautismo del eunuco etíope narrado en Hechos 8.

    Antes de analizar las figuras de
    Juan el Bautista o Jesús, es imperativo situar nuestra investigación en el terreno correcto: el paisaje ritual del judaísmo del Segundo Templo. Las inmersiones en agua no eran una innovación cristiana, sino parte del tejido religioso de la época.

    El Paisaje Ritual: Miqvaot, Tevilá y "Agua Viva"

    Un elemento central de este entorno eran los miqvaot (término técnico moderno para el plural de miqvé, o más precisamente miqweh mayim en hebreo rabínico), baños rituales construidos bajo especificaciones precisas de la ley judía (halajá). La arqueología en Judea y Galilea ha revelado su alta densidad, especialmente en contextos urbanos, domésticos de élite y complejos comunitarios, confirmando que no eran meros baños higiénicos, sino instalaciones diseñadas para realizar la tevilá (inmersión). El propósito fundamental era la recuperación de la pureza ritual (tahará), condición indispensable para entrar al Templo o reintegrarse a la vida comunitaria tras contraer impureza levítica (tumá).

    Es crucial entender que, en este estadio histórico, no existía una "fórmula" sacramental en el sentido cristiano posterior. La eficacia del rito no dependía de las palabras pronunciadas por un ministro ("Yo te bautizo..."), sino de la ejecución física correcta (ortopraxis).

    • Mecánica del Rito: El individuo, por lo general, se sumergía a sí mismo (auto-inmersión) bajo la supervisión de un testigo que aseguraba el cumplimiento de la norma.

    • Hidráulica Sagrada: La inmersión debía ser total y realizarse preferiblemente en "agua viva" (mayim jayim), es decir, agua corriente de lluvia, río o manantial, no estancada artificialmente ni transportada en recipientes.

    El espectro de inmersiones incluía variantes significativas que prefiguran conceptos posteriores. La tevilá de prosélitos tiene indicios claros en el judaísmo del periodo (especialmente en la literatura helenístico-judía), aunque su formalización halájica como rito de conversión completo y obligatorio pertenece al judaísmo rabínico posterior. Asimismo, la comunidad de Qumrán practicaba abluciones diarias (atestiguadas en la Regla de la Comunidad, 1QS), vinculando explícitamente la limpieza externa con un deseo de purificación moral, un antecedente conceptual vital para la teología bautismal.

    La Huella Judía en la Iglesia Primitiva: La Didaché

    Este énfasis judío en el "agua viva" dejó una huella indeleble en la praxis cristiana temprana. Un documento fundamental de finales del siglo I, la Didaché (La Enseñanza de los Doce Apóstoles), instruye en su capítulo 7 que el bautismo debe realizarse preferiblemente en "agua viva" (corriente), manteniendo una clara continuidad con la halajá judía sobre la validez del rito.

    Sin embargo, la Didaché introduce simultáneamente una ruptura pragmática revolucionaria: si no hay agua corriente ni suficiente para la inmersión total, permite derramar agua sobre la cabeza tres veces (afusión). Este texto es un testimonio histórico invaluable, pues demuestra una etapa temprana donde el movimiento de Jesús comenzó a priorizar la practicabilidad teológica y la fórmula trinitaria (cuya relación genética con Mateo 28:19 sigue siendo objeto de debate académico) sobre la estricta hidráulica ritual judía, permitiendo que el rito sobreviviera y se adaptara a contextos donde la infraestructura de los miqvaot no estaba disponible.

    Juan el Bautista: Historia, Escatología y la Tensión con Josefo

    La transición del ritualismo repetible a una conversión existencial única parece cristalizarse en la figura histórica de Juan el Bautista (Iōánnēs ho baptistḗs; en hebreo Yohanán Ha'Matbil). Lejos de ser una figura literaria difusa o nebulosa, constituye una de las figuras mejor atestiguadas fuera del marco estrictamente cristiano del siglo I. Su existencia e impacto no dependen exclusivamente del testimonio cristiano: contamos con una atestiguación doble independiente gracias al historiador judío Flavio Josefo.

    En sus Antigüedades de los Judíos (18.116–119), Josefo confirma la existencia de "un hombre bueno" (agathón ándra) cuya autoridad moral atraía grandes multitudes. Mientras el relato evangélico enfatiza la crítica moral al matrimonio de Herodes, Josefo revela la motivación política de fondo: Herodes Antipas lo ejecutó preventivamente por temor a que su popularidad desencadenara una stasis (insurrección). Esta convergencia de fuentes ha llevado a la mayoría de la investigación contemporánea a considerar a Juan como un profeta apocalíptico que actuó en el desierto de Judea, un escenario cargado de simbolismo nacional y expectativas escatológicas.

    El Bautismo de Metanoia: Una Inflexión Ritual

    El núcleo de la actividad de Juan fue un rito de inmersión en el Jordán que marcaba una inflexión notable respecto a la rutina ritual judía. A diferencia de las inmersiones de los miqvaot, que eran cíclicas y auto-administradas para recuperar la pureza levítica, el bautismo de Juan era un acto único, asociado a un momento decisivo de transformación moral.

    El fundamento conceptual del rito era la metanoia (μετάνοια). Filológicamente, el término no se reduce al "arrepentimiento" emocional; denota una reorientación radical del noûs (mente/percepción), típicamente asociada en la literatura apocalíptica a la inminencia del Juicio Divino (Eschaton).

    Aquí encontramos una de las tensiones más discutidas por la crítica moderna respecto a la función del bautismo:

    1. Marcos 1:4 describe el rito teológicamente como "bautismo de metanoia para perdón de pecados" (eis áphesin hamartiōn).

    2. Josefo, en cambio, afirma explícitamente que Juan no concebía el bautismo como medio de expiación, sino como un acto de santificación corporal, presuponiendo que "el alma ya había sido purificada previamente por la justicia".

    Tendencia Dominante: Los especialistas tienden a ver en Marcos una interpretación teológica interna del movimiento de Jesús (soteriológica), mientras que en Josefo opera un interés literario apologético: presenta a Juan como un maestro moral inteligible y respetable para una audiencia grecorromana, atenuando cualquier dimensión escatológica subversiva que pudiera alarmar al Imperio.

    La Cuestión Mesiánica y la Estrategia de Subordinación

    El impacto de Juan fue tan profundo que generó una pregunta abierta en el judaísmo del período: ¿podía ser él el Mesías? Lucas 3:15 registra explícitamente que "el pueblo estaba a la expectativa". Esta situación llevó a los evangelios a desarrollar un patrón de subordinación apologética: todos los textos insisten en que Juan minimiza su propio rol frente al de "otro más poderoso".

    Ahora, el Evangelio de Juan lleva esta estrategia a su punto más elaborado. La proclamación "¡He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!" (Juan 1:29) es entendida por la exégesis histórica (como R.E. Brown o J.P. Meier) como teología retrospectiva, no como una cita literal (ipsissima verba) de la predicación del Bautista. El evangelista reinterpreta a Juan a la luz de la cristología pascual de su comunidad, integrándolo no como un líder apocalíptico autónomo, sino como un testigo idealizado.

    Este movimiento literario cumple dos funciones críticas:

    1. Resolver la competencia histórica entre los grupos de discípulos de Juan y de Jesús (una rivalidad atestiguada aún décadas más tarde en Hechos 18–19).

    2. Integrar al Bautista dentro de un marco teológico unificado, donde su figura converge hacia la proclamación cristiana en lugar de rivalizar con ella.

    Jesús y la Continuidad del Rito: Del Jordán a los Ministerios Paralelos

    La relación entre Jesús de Nazaret (Iēsoûs ho Nazōraîos) y el rito bautismal no comienza con una innovación, sino con un hecho con alto grado de plausibilidad histórica: su propio bautismo a manos de Juan. La inmensa mayoría de la crítica (destacando a John P. Meier en su obra Un judío marginal) confirma este evento aplicando el criterio de dificultad (o embarrassment).

    Sería altamente improbable que la iglesia primitiva inventara un relato donde su "Señor" se somete a un rito de arrepentimiento inferior, colocándose bajo la autoridad de Juan. Este acto implicaba, en los códigos culturales de la antigüedad, una innegable subordinación inicial. Si el relato causaba tal incomodidad teológica que los evangelistas posteriores intentaron justificarlo (como Mateo 3:14-15) o minimizarlo (Lucas), es porque el hecho histórico era innegable y estaba firmemente anclado en la memoria colectiva.

    La Fase Pre-Pascual: Ministerios Paralelos sin "Fórmula"

    Sin embargo, lo más fascinante para nuestro análisis de las fórmulas litúrgicas es lo que sucede inmediatamente después. Lejos de instituir un nuevo rito cristiano instantáneo con una teología trinitaria desarrollada, existe una línea académica significativa que sostiene que Jesús y sus primeros discípulos (algunos provenientes del círculo del Bautista, como Andrés) continuaron administrando el bautismo de Juan.

    El Cuarto Evangelio preserva una tradición vital en Juan 3:22-26: un periodo de ministerios paralelos donde Jesús y Juan bautizaban simultáneamente en Judea. Aquí debemos ser rigurosos: en esta etapa pre-pascual, no hay evidencia de que existiera el "bautismo cristiano" como entidad separada ni ninguna fórmula trinitaria. Jesús operaba dentro del marco del judaísmo de renovación escatológica.

    Aunque un redactor posterior intenta matizar en Juan 4:2 que "Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos", la investigación histórica considera plausible esta actividad bautismal paralela (postura defendida por académicos como E.P. Sanders). Durante este periodo, el rito seguía siendo una inmersión de arrepentimiento (metanoia) ante la llegada del Reino, sin invocaciones litúrgicas complejas. La verdadera ruptura ritual y la necesidad de una nueva "identificación verbal" (fórmula "en el nombre de Jesús") parecen cristalizarse en el periodo inmediatamente posterior a la Pascua y la experiencia del Espíritu, cuando la comunidad necesitó distinguir su rito de iniciación del de los seguidores del Bautista que aún persistían.

    La Ruptura Post-Pascual: El Bautismo En El Nombre

    Si durante el ministerio terrenal de Jesús la práctica bautismal continuó "a la manera de Juan" —un rito de preparación escatológica sin fórmulas complejas—, los eventos de la Pascua marcaron un punto de inflexión decisivo. La convicción radical de que Jesús había sido exaltado como Señor (Κύριος, Kýrios) transformó la estructura profunda del rito: la comunidad primitiva operó una resignificación radical, transitando de la espera del Reino a la incorporación al Rey. Es en este contexto donde el libro de los Hechos atestigua consistentemente que la praxis predominante en la tradición lucana temprana se caracterizaba por una cristología ritual explícita sin fórmula trinitaria desarrollada, administrando el bautismo "en el nombre de Jesús" (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:5).

    De la Preparación a la Propiedad: El Sustrato Papirológico

    Para comprender la profundidad jurídica de este giro, es imperativo acudir a la evidencia de la papirología griega. La expresión eis to onoma ("hacia el nombre"), omnipresente en los documentos comerciales y legales del siglo I, funcionaba frecuentemente en contextos legales y contables para indicar una transferencia o asignación a la cuenta/autoridad de alguien. Por tanto, bautizarse eis to onoma Iesoú no consistía en la recitación de una "fórmula mágica" de poder, sino que constituía un acto jurídico-espiritual de adscripción simbólica. El creyente renunciaba a su autonomía para convertirse en "propiedad" (doulos) del Kýrios exaltado, identificándose místicamente con su destino de muerte y resurrección, y entrando formalmente bajo su protección y autoridad ejecutiva en la Ecclesia.

    La Anomalía Lucana: La Tensión entre Agua y Espíritu

    La recepción post-pascual del rito genera tensiones narrativas y teológicas detectables en la obra de Lucas-Hechos. Aunque el paradigma cristiano vinculaba el bautismo en agua con la donación del Espíritu (Pneuma), el autor de Hechos es honesto al exponer que esta mecánica no era automática ni uniforme. Los relatos de Samaria (Hch 8:14-17) y Éfeso (Hch 19:1-7) funcionan como "casos de estudio" críticos: en Samaria, los creyentes son bautizados válidamente "en el nombre del Señor Jesús" pero el Espíritu no desciende hasta la imposición de manos apostólica; en Cesarea, el Espíritu irrumpe sobre Cornelio antes del contacto con el agua. Estas anomalías narrativas son material altamente significativo para la crítica literaria e histórica, pues la narrativa lucana sugiere que, en ciertos contextos del cristianismo primitivo, la realidad carismática (la experiencia tangible del Espíritu) mantenía una prioridad soberana sobre la uniformidad ritual, impidiendo que el bautismo se anquilosara en un mecanismo sacramentalista rígido desde sus inicios.

    La Fórmula Trinitaria: Mateo 28:19, la Crítica Textual y el Testimonio de la Didaché

    Si el libro de los Hechos atestigua una praxis bautismal cristológica ("en el nombre de Jesús"), el final del Evangelio de Mateo nos confronta con la fórmula que se convertiría en la norma dominante: la trinitaria. En la "Gran Comisión", Jesús encomienda: "Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (eis tò ónoma toû Patròs kaì toû Huioû kaì toû Hagíou Pneúmatos)" (Mateo 28:19). Este pasaje, un verdadero locus classicus, refleja una formulación litúrgica avanzada en el cristianismo mateano al introducir una estructura ternaria bajo un único "nombre" (tò ónoma, singular), sentando las bases gramaticales para la doctrina trinitaria posterior.

    El Fantasma de Eusebio y la Crítica Textual

    La discrepancia entre la fórmula de Mateo y la de Hechos ha alimentado, desde principios del siglo XX, una teoría persistente: que el texto original de Mateo 28:19 fue alterado. Esta hipótesis, popularizada por F.C. Conybeare, se basa en que el historiador Eusebio de Cesarea (s. IV) cita a menudo el pasaje de forma abreviada ("vayan y hagan discípulos en mi nombre"), sugiriendo que la fórmula trinitaria fue una interpolación tardía (quizás nicena).

    Sin embargo, la Crítica Textual moderna ha descartado esta teoría de manera contundente. La evidencia material es abrumadora: absolutamente todos los manuscritos griegos existentes del Evangelio de Mateo, incluyendo los grandes códices unciales (Sinaítico, Vaticano) y las versiones antiguas (latinas, siríacas, coptas), contienen la fórmula trinitaria completa. No existe ni un solo manuscrito que respalde la "lectura corta" de Eusebio. El consenso académico actual (Aland, Metzger) sostiene que las citas de Eusebio son paráfrasis teológicas o citas de memoria litúrgica, no testigos de un texto original perdido. Afirmar lo contrario implica desligarse de la evidencia documental disponible.

    El Testimonio Intermedio: La Didaché

    Para comprender que la fórmula trinitaria no es un invento tardío del siglo IV, es imperativo acudir a la Didaché (La Enseñanza de los Doce Apóstoles). Este documento, una instrucción eclesiástica datada probablemente a finales del siglo I o inicios del II, ofrece en su capítulo 7 una instrucción litúrgica explícita: "Bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

    La Didaché constituye un testimonio intermedio clave que conecta la era apostólica con la Iglesia posterior. Su existencia demuestra que la fórmula trinitaria ya estaba en uso litúrgico en algunas comunidades sirio-palestinas antes del año 100 d.C., coexistiendo temporalmente con la praxis cristológica de otras comunidades (como la lucana). Por tanto, Mateo 28:19 no es un anacronismo dogmático insertado siglos después, sino el reflejo de una liturgia solemne que se estaba consolidando en la transición del siglo I al II.

    Conclusión Histórica: De las Ipsissima Verba a la Teología de la Comunidad

    Aunque la autenticidad textual del versículo es segura, la cuestión de su autenticidad histórica (ipsissima verba Jesu) es distinta. La mayoría de la investigación histórico-crítica considera que Mateo 28:19 refleja, no necesariamente las palabras fonéticas pronunciadas por el Jesús histórico, sino la teología desarrollada de la comunidad mateana y su liturgia bautismal, puesta en labios del Resucitado como el mandato definitivo de la misión. Representa la maduración teológica de una iglesia que, al reflexionar sobre la experiencia de Dios a través de Jesús y en el Espíritu, cristalizó su fe en una fórmula tríadica que marcaría de forma duradera la identidad litúrgica y teológica de la tradición cristiana.

    Síntesis Final: La Liturgia como Espejo de la Evolución Teológica

    La trayectoria histórica del bautismo, lejos de ser una sucesión lineal de ritos inmutables, constituye el registro fósil de la evolución teológica del cristianismo primitivo. Lo que comenzó en el judaísmo del Segundo Templo como una mecánica cíclica de pureza levítica (miqvaot) se re-significó, bajo la crisis escatológica de Juan el Bautista, como un sello de urgencia ante el Juicio inminente.

    Sin embargo, la verdadera transformación estructural del rito no fue meramente formal, sino cristológica. La transición desde la praxis de Juan hacia el bautismo "en el nombre de Jesús" atestiguado en Hechos revela un cambio paradigmático en la autocomprensión de ciertos núcleos comunitarios: el eje de la salvación se desplazó de la espera del Reino a la incorporación al Rey. La adopción de la fórmula eis to onoma (una expresión frecuente en papirología legal para denotar transferencia, aunque con usos rituales más amplios) sugiere que estos primeros cristianos reinterpretaron la preparación penitencial como un acto de adscripción jurídica-simbólica bajo la autoridad del Kýrios exaltado.

    Finalmente, la cristalización de la fórmula triádica en Mateo 28:19 —paralela a las instrucciones bautismales de la Didaché— no debe explicarse como una imposición dogmática tardía, sino como el resultado de un proceso de estandarización litúrgica en ciertos núcleos comunitarios. Estos grupos, entre ellos el círculo mateano, integraron en su práctica bautismal un lenguaje triádico que reflejaba su experiencia ritual y su interpretación cristológica del Dios de Israel, sin que ello implique todavía una formulación trinitaria plena en sentido dogmático posterior.

    Conclusión histórica: El rito bautismal no fue estático porque las configuraciones identitarias de las primeras comunidades cristianas tampoco lo fueron. La evolución de sus fórmulas constituye un indicador privilegiado de cómo la liturgia funcionó como un espacio donde se articularon, negociaron y consolidaron interpretaciones emergentes sobre la identidad y la acción de Dios. Es esencial, sin embargo, mantener a la vista la pluralidad de los orígenes: estos desarrollos no se implementaron de manera uniforme, sino que coexistieron prácticas divergentes dentro del dinamismo propio del cristianismo naciente.

    Para Profundizar: Lecturas Recomendadas

    Este análisis ha buscado desmontar una simplificación moderna ("el bautismo cristiano siempre fue trinitario y uniforme") para recuperar la inmensa riqueza histórica y evolutiva del rito. Si este recorrido ha despertado tu interés y deseas explorar las fuentes primarias y el debate académico por tu cuenta, he seleccionado estas obras fundamentales. No son lecturas ligeras, pero la recompensa intelectual es inmensa:

    1. John P. Meier – Un judío marginal. Tomo II/1: Juan y Jesús (Verbo Divino, 1998) Esta es la obra de referencia fundamental para comprender la historicidad del bautismo de Jesús. Meier aplica con precisión el "criterio de dificultad" para demostrar por qué el bautismo de Jesús por Juan es uno de los hechos más seguros de la historia antigua. Es esencial para captar la relación histórica, la continuidad inicial y la posterior divergencia entre el movimiento del Bautista y el de Jesús.

    2. James D.G. Dunn – Baptism in the Holy Spirit (Westminster John Knox, 2010) (Un clásico moderno, disponible mayormente en inglés). Dunn revolucionó los estudios neotestamentarios al analizar no solo las "anomalías" narrativas de Hechos (Samaria, Éfeso), sino la compleja relación teológica entre la fe, el don del Espíritu y la pertenencia a Cristo en la etapa formativa del cristianismo, evidenciando una diversidad funcional más que una uniformidad litúrgica rígida.

    3. Everett Ferguson – Baptism in the Early Church: History, Theology, and Liturgy (Eerdmans, 2009) Esta es la enciclopedia crucial sobre el tema. Ferguson rastrea minuciosamente cada antecedente —desde las purificaciones judías y Qumrán hasta los primeros cinco siglos— ofreciendo un análisis histórico y litúrgico exhaustivo. Aunque escrito con una erudición monumental desde un trasfondo patrístico, es la herramienta indispensable para ver la evidencia textual completa.

    4. Larry Hurtado – Señor Jesucristo: La devoción a Jesús en el cristianismo primitivo (Sígueme, 2008) Hurtado es fundamental para entender el significado profundo de la invocación del Nombre. Su obra explica cómo las prácticas devocionales tempranas (incluyendo el bautismo) revelan una inclusión cultual de Jesús en el espacio devocional reservado al Dios de Israel, articulando una "alta cristología" dentro de un marco monoteísta judío.

    5. Padres Apostólicos (Edición bilingüe de Daniel Ruiz Bueno, BAC) Para no depender de lo que otros dicen, hay que ir a la fuente. Aquí encontrarás el texto completo de la Didaché (La Enseñanza de los Doce Apóstoles). Leer el capítulo 7 por ti mismo te permitirá ver, sin filtros, cómo comunidades sirio-palestinas de finales del siglo I instruían sobre el "agua viva" y la fórmula trinitaria, tocando con las manos un eslabón documental clave entre el Nuevo Testamento y la historia eclesiástica posterior.

    Espero que estas pistas les sean de utilidad en su propio camino de estudio. Recuerden que la investigación seria es un diálogo constante con las fuentes y con otros investigadores.

    Agradezco de corazón su tiempo y confianza al haberme acompañado a lo largo de este análisis detallado sobre la evolución histórica del bautismo. Reconozco que adentrarse en la papirología griega, la crítica textual de los Evangelios y la arqueología de los miqvaot exige un esfuerzo mental considerable, pero vale la pena. Hemos viajado desde la hidráulica sagrada del judaísmo del Segundo Templo y el desierto de Judea con Juan, pasando por la tensión narrativa de Hechos, hasta llegar a la cristalización litúrgica de la fórmula trinitaria en Mateo y la Didaché. Ha sido un ejercicio de alta erudición para desmontar simplificaciones dogmáticas y recuperar la historia viva.

    Recuerden que no exploran estas complejidades en un espacio huérfano; mi compromiso como investigador es constante y, mientras tenga la salud y los conocimientos, estaré aquí para guiarles y aprender juntos en este maravilloso camino del estudio serio de los orígenes cristianos. Si desean saber más sobre mi proyecto general y mi trayectoria, pueden visitar la sección Quién Soy.

    Sus comentarios, dudas o aportes son, como siempre, el alma de esta comunidad, su retroalimentación es vital para seguir construyendo este espacio de alta divulgación.

    ¡Sigamos descubriendo juntos!


    Comentarios

    Aarón ju ha dicho que…
    Excelente articulo
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    Eduyn Yamid Jurado ha dicho que…
    Gracias Aarón por tu comentario y apoyo constante 💪🏻
    Poet ha dicho que…
    Excelente trabajo 👏
    Eduyn Yamid Jurado ha dicho que…
    Muchas gracias estimado lector por sus palabras y el apoyo ofrecido a través de este comentario!
    jealmen ha dicho que…
    Excelente. Suficientemente claro, sin necesidad de simplificar en demasía, el análisis.
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    Muy buena explicacion maestro
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    Estimado Albert muchas gracias por el apoyo a través de los comentarios!
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    Anónimo ha dicho que…
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